El rebozo: don de la Llorona

Prototipo vistoso entre los tejidos mexicanos para uso femenino, la prenda que exponemos aquí se nombraba antiguamente “paño de rebozo”. Pasó a las lenguas indígenas como payun (chatino de Tataltepec), ba’ai (zapoteco de Quiaviní), püy (huave de San Mateo del Mar) y otras formas derivadas del español “paño”. Ese tránsito lingüístico es significativo por sí mismo, en tanto que sugiere que los pueblos mesoamericanos no lo reconocían como un formato propio. Debatidas desde hace décadas, las raíces del rebozo trazan un origen híbrido, donde un modelo externo se amalgamó con el telar de cintura, según creemos. Más que el sarape masculino, el paño labrado y sus rapacejos (los flecos adornados con labores anudadas, trenzadas o entorchadas) nos remiten al siglo XVIII, cuando México era crisol de culturas y encrucijada del comercio mundial. Se ha querido ver en el rebozo reflejos de la Nao de China y los tejidos orientales, pero investigaciones recientes apuntan a un vínculo fuerte con las tradiciones islámicas, tanto en su técnica como en su diseño.

Historias de ciudades

Desde la antigüedad y hasta nuestros días, pueblos plegables de muros blandos y fachadas textiles han viajado -y siguen desplazándose- motivados por las estaciones, la geografía y las necesidades de sus habitantes constructores, algo que no escapó a la infinita curiosidad de Katharina von Arx. Durante la Edad Media, en la Casa del Prior en Romainmôtier, Suiza (donde Katharina vivió durante más de cincuenta años), así como también en moradas semejantes de Europa abocadas a recibir grandes personajes de la época con sus numerosas comitivas, se desplegaban grandes telas, tapices o gobelinos sobre las fachadas y paredes monumentales, con el fin -entre otros- de conservar el preciado calor en su interior durante el mayor tiempo posible. Resultado del esfuerzo colectivo, estas grandes telas ilustradas, presentes en todos los eventos y celebraciones importantes, siempre contaban historias a manera de crónicas: constituían una especie de historia oral-visual plegable y flexible que se transmitía de horizonte a horizonte en su perpetuo andar.

René Ramírez Ordóñez, coreógrafo y coleccionista veracruzano

Hace algunos años, una mujer joven quiso demostrarle afecto a su madre confeccionándole una falda de fiesta. Bordó con enorme dedicación y paciencia figuras complejas en punto de lomillo sobre muselina. La tradición de su pueblo dicta que el ruedo de la enagua luzca un diseño en rojo, y así lo hizo la hija abnegada. Su madre nunca la había tratado bien, pero la joven estaba decidida a hacer patente su amor incondicional. Sin romper el canon textil de su comunidad, ella se esforzó en lograr las puntadas más finas y la cenefa más ancha que podía lucir la prenda, como prueba de su devoción. Era el presente más significativo que una mujer podía ofrecerle a otra en ese rincón de México. El triste desenlace de la historia es que la madre rechazó el regalo y la hija quedó tan dolida que decidió entonces vender el testimonio de su cariño.

Lienzos para estar con Dios: Textiles rituales de cuatro continentes

Hemos reunido en este Museo un acervo que busca relacionar los tejidos de Oaxaca y de México con las tradiciones textiles de otras regiones del mundo, a fin de mostrar al público algunos paralelos y contrastes en sus materiales, técnicas y diseños. Al estudiar las artes del telar en distintas latitudes, los hilos se convierten en vínculos que enlazan las experiencias y los gustos de gentes que a primera vista parecen ser disímiles y distantes. Conforme vamos integrando pieza por pieza una colección global, hemos congregado sin querer un grupo sobresaliente de textiles que nos hablan de la vida interior de los pueblos de Oceanía, Asia, África y América. De manera inevitable, nuestro interés en ciertas estructuras de tejido altamente ingeniosas y ciertos diseños particularmente meritorios nos ha conducido a prendas que la gente hizo movida por su fe.

Oficio de tinieblas, obra de Argelia Matus

Marcel Duchamp en 1917 crea lo que él llama ready-made. A partir de allí se desarrollan diferentes maneras de hacer arte como: el body art, arte objetual, performance art y narrative art que dan como resultado lo que hoy conocemos como arte conceptual. En esos momentos existe la necesidad de reestructurar los conceptos de arte después de una guerra. En particular, en el arte objetual se resignifican las cualidades de un objeto, se recodifican; en el arte del cuerpo o body art, el cuerpo mismo en muchos casos es el medio, la herramienta y el soporte para crear la obra. En general, en todas estas corrientes cambian los medios, soportes y se usa el lenguaje escrito como parte importante de las propuestas. Las nuevas manifestaciones artísticas se basan en la reproducción en serie y lo múltiple, características de nuestro mundo global.

El legado de una bisabuela: Cuatro generaciones de tejedoras

Ñuu Inia, ‘pueblo del perrito’ en mixteco, es el nombre antiguo del lugar. Fue llamado Itzcuintepec en náhuatl, y los españoles lo dedicaron al patrocinio de la Virgen María. Recibió el sobrenombre de Peñoles junto con cinco pueblos vecinos, pero tiempo después su topónimo náhuatl cayó en el olvido y lo que había sido en un principio el epíteto para toda la región se convirtió en su designación oficial. Se ubica en las montañas al occidente del Valle de Oaxaca, no muy lejos de esta ciudad. La Relación Geográfica de los Peñoles, de 1579, describe cómo las seis comunidades originales traían a vender al mercado de la antigua Antequera tablas y morillos, teas y amole, una planta usada como jabón. Criaban además seda y grana para pagar el tributo que les imponía el poder virreinal.

Mirar por el ojo de una aguja. El arte de Tamara Rivas

En aquel entonces, las blusas del traje típico eran muy escasas. Había que buscarlas en algún baúl de una abuela dispuesta a prestarlas para el baile. Pero no todas las abuelas estaban dispuestas a hacerlo, eran prendas muy apreciadas. Y, cuando se conseguía alguna, su estado de conservación no era el más adecuado, pero no importaba, la blusa se parchaba y la joven la lucía con gran orgullo.
Hace unos 20 años que Soledad Tamara Rivas Vázquez y su esposo Alfonso González Maldonado llegaron a Tlacolula de Matamoros. Para los recién casados, la vida les sonreía y más cuando los premió con su hijo Luis. Ella, originaria de Tabasco, admiraba las costumbres del pueblo de su marido, esa hermosa tierra de Oaxaca que sería su hogar. Se fascinó con la comida, los guisos de las cocineras, los platillos para cada fiesta y, sorprendida de los ingredientes que usaban, encontró en el arte culinario una parte fundamental de la cultura de Tlacolula.

El delirio del color: Oaxaca en los años 1960

Durante la primera mitad del siglo XX, la mayoría de los pueblos de México empleaban hilos de algodón teñidos con añil (azul) y alizarina (o algún otro rojo sintético) para adornar sus tejidos y bordados. Muchos tintes naturales habían caído ya en desuso, y la paleta de colores disponibles era limitada. Pero todo cambió a mediados de siglo: las madejas industriales de algodón mercerizado, teñidas en una gran variedad de tonalidades, comenzaron a llegar a las comunidades más remotas. Junto con ellas se popularizaron diversos tintes sintéticos para colorear lana en tonos encendidos. Las tejedoras y bordadoras indígenas respondieron con entusiasmo a los nuevos materiales, y el resultado fue una revolución cromática en el textil.

In octacatl, in machiyōtl: Dechados de virtud y entereza

Pocos años después de la conquista española, Andrés de Olmos recopilaba dichos y proverbios como ejemplos de buen lenguaje, para que otros evangelizadores aprendieran a hablar el náhuatl con elocuencia. Encontró que ciertas partes del telar servían para representar orden y armonía en las relaciones humanas. El templero (octacatl), que mantiene pareja la anchura del tejido, y el lizo (xiōtl), que controla a los hilos de la urdimbre, eran mentados una y otra vez en las antiguas coplas indígenas. Junto con ellos se hacía alusión al dechado (machiyōtl), el muestrario de figuras que guía a la persona que teje para crear diseños complejos y hermosos. Telar y dechado se convertían así en imágenes de la convivencia ideal en una sociedad.

50ydos: Obra de Adelia Sayeg

La arcilla y las fibras han acompañado a la humanidad durante miles de años. Junto con la piedra, estos tres materiales fueron labrados, modelados y entrelazados para dar inicio a una rica tradición artística y cultural. Las manos, la mente y el corazón se unen para dar cuerpo a objetos con diferentes funciones: algunas de ellas resultan tan concretas como cargar agua o cubrir el cuerpo; otras pertenecen al mundo espiritual, pues forman parte de una ofrenda ceremonial, o bien, dan pie a un momento de introspección para la persona creadora.