A través de las paredes – Teddy Milder

La primera vez que visité Oaxaca, un día después de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en 2016, la amenaza de la construcción de un muro fronterizo se cernía fuertemente en el horizonte, tema que se volvió el centro de mi trabajo. Los muros suelen construirse en momentos cuando la gente, o un país, percibe inseguridad y la necesidad de protección. Pueden ser una manifestación física del deseo por dividir, defender, o salvaguardar una cultura. Pueden ocultar a personas y lugares y así, dificultan “ver” quién está al otro lado. Pueden alejar a ciertos grupos sociales, mientras permiten el paso a otros. Podrían representar seguridad, pero no representan libertad.

Recuerdos de familia

La exposición que se presenta en esta sala deriva de una nueva propuesta impulsada por el Museo Textil de Oaxaca. En ella, artistas del telar y de la aguja procedentes de distintos pueblos de Oaxaca y del Estado de México han asistido a distintos talleres de experimentación y creación textil para buscar nuevos horizontes dentro de sus procesos.

Tukyo’mët Nëxëy – La Camisa de Ayutla

La vestimenta de las personas, además de satisfacer la necesidad de cubrirse, da identidad y va cambiando con el tiempo. Antes de la llegada de los españoles, igual que en toda Mesoamérica, el pueblo mixe (ayuujk) elaboraba prendas en telar de cintura para lo que se realizaba hilo de algodón utilizando un pequeño objeto conocido como “malacate”. La comunidad mixe de Ayutla no fue la excepción, pues hay evidencias de que se elaboraban prendas en telar de cintura y se hilaba con malacate.

añil · ai · nila · gara · tarom​

Solemos asociar el color azul con la nostalgia y la melancolía. Así lo imponen las convenciones de nuestra cultura visual como sociedades urbanas modernas, y así lo remarca también nuestro entorno sonoro: el blues (‘azules’ en inglés) es música imbuida de soledad y dolor existencial, cuyos ritmos y melodías se arraigan en la tradición de los pueblos negros del sur de los Estados Unidos. En el occidente de África, en cambio, de donde provinieron buena parte de los antepasados de los bluseros del Misisipi y de los músicos costeños de Oaxaca, el azul profundo es un color vinculado con el prestigio, la elegancia y la fortuna.

Bordando otros males

La sombra del narco manipula la sociedad actual. Nuestras calles se acompañan del miedo y las personas se han desfigurado por acatar un sistema aculturado y superficial en miras del poder. Hoy, los temores se sienten como piquetes de aguja, que nos va hiriendo hasta llenarnos de puntadas rehaciendo nuestra personalidad. Piquetitos que se van multiplicando expandiendo el dolor. Dolor que arropa. Cobijo protector que esconde al grito ensordecedor, y su escucha.

Sal de la Tierra: Las salinas de Pinotepa Nacional

A finales de marzo del año 1970, Anita Jones visitó la Costa Chica de Oaxaca para documentar textiles, festividades y oficios de la Mixteca de la Costa. Durante su estancia en Pinotepa Nacional, conoció a Roberto López y su esposa Lucrecia Tapia, una familia mixteca que se dedicaba a la producción de temporada de la sal. La salina de Roberto se encontraba a unos 29 kilómetros al sureste de Pinotepa Nacional a las orillas de la laguna de Alotengo. Para extraer la sal, Roberto y sus trabajadores juntaban en bolsas de petate la tierra salada (salitre) ubicada en la capa superficial de los suelos expuestos por el retiro de las aguas de la laguna durante la época de sequía.

Jëkiiy: Homenaje a la maestra tejedora Irene Encarnación Bartolo

Irene Encarnación Bartolo vive en San Juan Cotzocón, de donde es originaria. Cotzocón es la cabecera de uno de los municipios más grandes de Oaxaca, que forma parte del distrito Mixe en el noreste del estado. El distrito recibe su nombre del pueblo indígena asentado en ese territorio, llamado miix por sus vecinos zapotecos, si bien ellos se designan a sí mismos ayuuk. Su lengua pertenece a la familia mixe-zoque, cuyo centro de distribución es el Istmo de Tehuantepec y que hace siglos ocupaba las tierras bajas de una extensa franja costera, tanto del lado del Pacífico como a orillas del Golfo de México. Todo indica que la gente que construyó La Venta, San Lorenzo, Tres Zapotes y otras ciudades de la planicie tropical hace más de dos mil años, a quienes llamamos “olmecas”, hablaban una lengua de la misma familia. Los textos más antiguos que se conservan en el Continente Americano, grabados en una vasija de barro en esa lengua, parecen referirse al tejido y al teñido. Irene es heredera, por lo tanto, de una tradición textil milenaria.

Hilo Rojo No. 3047 – Ornella Ridone

Bordar vestidos ha sido una actividad esencial para generaciones de mujeres de mi familia. En mi obra, retomo esta actividad para llevarla a una dimensión expresiva contemporánea. En esta propuesta, muestro una serie de prendas femeninas en color blanco que he venido bordando en los últimos dos años con hilo de color rojo. Transformo el bordado en un lenguaje propio, para abordar el tema de las dinámicas familiares inconscientes.

Miel y vino, hilo y aguja: Maravillas del maguey

En 1753, Carlos Lineo (padre de la taxonomía, la clasificación de los seres vivos) eligió el nombre “agave” (del griego  γαυός, ‘noble’ o ‘admirable’) para designar a un grupo de plantas americanas que lo impresionaron y que él reconoció como un linaje distinto de las sábilas y aloes de África y Arabia, aunque a primera vista parecieran ser parientes. Después de recorrer las montañas y desiertos del hemisferio occidental estudiando su flora, varias generaciones subsecuentes de biólogos han validado la propuesta de Lineo: los magueyes son, en efecto, un grupo de plantas con una historia evolutiva diferente de sus contrapartes en el Viejo Mundo. Su distribución natural va del suroeste de Estados Unidos hasta Colombia y Venezuela, incluyendo las Antillas. México es el país con el mayor número de agaves y Oaxaca es la región con la diversidad más alta de especies, muchas de ellas endémicas (es decir, que no crecen de manera silvestre fuera del estado).

Historias de ciudades

Desde la antigüedad y hasta nuestros días, pueblos plegables de muros blandos y fachadas textiles han viajado -y siguen desplazándose- motivados por las estaciones, la geografía y las necesidades de sus habitantes constructores, algo que no escapó a la infinita curiosidad de Katharina von Arx. Durante la Edad Media, en la Casa del Prior en Romainmôtier, Suiza (donde Katharina vivió durante más de cincuenta años), así como también en moradas semejantes de Europa abocadas a recibir grandes personajes de la época con sus numerosas comitivas, se desplegaban grandes telas, tapices o gobelinos sobre las fachadas y paredes monumentales, con el fin -entre otros- de conservar el preciado calor en su interior durante el mayor tiempo posible. Resultado del esfuerzo colectivo, estas grandes telas ilustradas, presentes en todos los eventos y celebraciones importantes, siempre contaban historias a manera de crónicas: constituían una especie de historia oral-visual plegable y flexible que se transmitía de horizonte a horizonte en su perpetuo andar.